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Estamos apuntando muy bajo.

¿Realmente hemos llegado al extremo de mostrarnos satisfechos simplemente con que los políticos se bajen el sueldo y no metan la mano donde no deben? ¿Hemos llegado a tal punto que el que promete lo elemental se pueda convertir en un ídolo? ¿Tan mal estamos? ¿Ha ese punto hemos llegado ya? ¿Tan hundidos estamos que lo primordial de la persona encargada de dirigir el futuro del país es que no sea un corrupto? ¿A caso eso no se presupone? ¿No es triste que los políticos pongan todos sus sentidos en matizar su pasado, limpiar su nombre y ser populistas en vez de centrarse en mostrar medidas reales para crear un estado con mayor bienestar social? ¿Tan mal estamos que cualquier persona que sea honrada puede parecer un buen político? Estamos apuntando muy bajo.


Si alguien necesita bajarse el sueldo y prometer no ser corrupto para conseguir votantes ¿No sería como el defensa que para hacerse un hueco en el equipo le promete al entrenador que no va a marcarse ningún gol en propia puerta y además renuncia a las primas? ¿De verdad hemos llegado al punto critico en el que lo más atractivo es lo que creemos menos malo? ¿No sería como amar a tu pareja únicamente porque te promete no serte infiel?

¿Tan mal estamos para que un trabajo “cualificado” sin remuneración o becas indignas sean un lujo? ¿Tan poco nos están valorando? ¿Hemos llegado a normalizar que no nos puedan exigir casi nada porque apenas hay con lo que pagarnos? ¿Ha llegado el momento en el que las personas con talento son sustituidas por los que su mejor cualidad es ser los mejor alienados? ¿Estamos viviendo una época en que simplemente cumplir con tu trabajo es una cualidad sobresaliente? ¿Es más competitivo ser dócil que creativo? ¿Tener criterio y ser ambicioso es un defecto y no ser problemático una virtud hoy en día?


Sin duda, estamos apuntando muy bajo.

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