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Don Quijotes en el triatlón.

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El otro día trataba de explicarle a la familia de mi novia australiana la obra de “El Quijote”. Les hablé de Alonso de Quijano, Sancho Panza, las aventuras… y del contexto de obra maestra. El ingenioso hidalgo perdía la cabeza leyendo sobre los grandes caballeros y batallas de la época. El “caballero” trataba de comportarse como tal pero la imitación resultaba grotesca.
Algo me resultaba familiar en todo lo que estaba explicando, me sonaba haber vivido algo parecido recientemente: ¿No hay muchos quijotes en el triatlón?
Pequeños hidalgos que se inspiran en grandes nobles, desean vivir grandes gestas, pretenden montar poderosos corceles, asistir a las grandes batallas, conquistar hermosas doncellas y creen ser respetados caballeros.
Deportistas aficionados que ven vídeos sobre legendarias competiciones y proezas de los triatletas olímpicos, montan bicicletas caras, asisten a los grandes triatlones, conquistan descuentos de patrocinadores y creen ser afamados triatletas.
Porque sucede que uno prueba en esto del triatlón, lo termina y además lo hace el 21º de su grupo edad. En la segunda prueba queda por delante de la mitad de los triatletas y entonces empiezan las dudas sobre si debería comprar otra bicicleta, contratar un entrenador y también a nutrirse de mucha más literatura deportiva. Es el momento en el que cambiamos la foto principal de nuestras redes sociales por una con un neopreno o cruzando el arco de meta.
Y uno empieza a sentirse más fascinado y capaz al mismo tiempo. Busca más videos de triatlón en Youtube y comienza a seguir a los deportistas, franquicias y marcas del mundillo. Tu entorno te empieza a preguntar sobre eso que haces, el deporte ese tan duro que practicas y tú respondes realmente orgulloso explicándolo con distancias y otras frases que aún hacen más épico los retos conseguidos. “¿Y no te secas después de nadar?” “¿Y no terminas cansado?” Son las preguntas más frecuentes que escuchamos. También comentan sobre el gallego que lo hace y han visto en televisión. Tú ya estás bastante sumergido en todo esto, ya has empezado a llevar puestas las camisetas con la palabra triatlón donde además se pueden ver las distancias que componen la prueba.
Y entonces empiezan los objetivos, a sentirnos acomplejados por nuestras bicicletas y querer perder peso. En tu Facebook se ven enlaces a aplicaciones que muestran tus entrenamientos. Los resultados llegan: “Top 10 en mi grupo de edad”, “Le he metido 2 minutos al que me ganaba en la anterior carrera.”
Uno empieza a comprar las marcas caras que solo los compañeros de equipo conocen, a asistir a los training camp y es entonces cuando algunos que no entrenan empiezan a creer que vives un poco obsesionado.
El siguiente paso es cuando compras la bicicleta de precio prohibitivo “porque ya no voy nada con un 105 y sin ruedas de perfil”. Los triatlones olímpicos se te quedan cortos y buscas desafíos de más distancia porque sabes que es muy complicado hacer lo mismo pero más rápido. “¿Estoy preparado ya para la larga distancia?” te preguntas a ti mismo.
Ya no sorprendes a los tuyos con lo que haces, además las expectativas son tan altas que realmente pocas veces terminas satisfecho las carreras.
Llega el salto al medio Ironman con su correspondiente cuenta atrás en Facebook. Tu manera de nutrirte ha cambiado y ya consideras muchos más alimentos como basura. Estás entrenando gran cantidad de horas e invirtiendo menos tiempo en ver a los amigos. Hay más enfados en familia ya que tampoco estás disponible los fines de semana y porque caer rendido en el sofá antes de las 9 de la noche ya es un hábito.
El bidón en los acoples, visera para correr y menos de 5h 30 minutos en el debut en la distancia. Los Ccomentarios como “crack” o “animal” afloran en tu Facebook. Te etiquetan en fotos donde se te ve más profesional que el que ha ganado la prueba.
Finalmente el momento más deseado, el Ironman, que llega con la obligada foto de la bici antes de la carrera; también con tus comentarios sobre tu mal humor porque estas de “tapering” y cómo no, gastándote un dinero considerable en el merchandising oficial de la prueba.
Has terminado un Ironman, tú, que 3 años atrás no hacías nada de deporte. Quien te lo iba a decir a ti, que hasta estabas un poco regordete. Eres un caballero montando una bici carisma, has conquistado una gran batalla y has conseguido un gran descuento de una marca de nutrición y quizá de una tienda de bicis.
Pero aún no es suficiente, quieres ir a Kona, aunque tengas que despertarte a las 5 de la mañana para entrenar, aunque estés lesionado y con anemia la mitad de la temporada. Apenas pasas tiempo de calidad con tu familia. Tu vida social se resume a la salida larga de los fines de semana y gastas más dinero en deporte que en ninguna otra cosa. Sabes que puedes hacer top 5 en tu grupo de edad, puedes clasificarte para el campeonato del mundo, puedes…
Y desde el triatlón se te empieza a ver como un poderoso contrincante de casi 40 años capaz de hacer los 3.8-180-42,2 bastante rápido, que trabaja casi a tiempo completo y que se plantea sacar la licencia de Pro la siguiente temporada, aunque desde fuera del triatlón creen que se te está yendo de las manos.
Lo reconozco, yo he sido un poco Quijote. Sé que lo que es una actividad deportiva se convierte en un hobby después en un estilo de vida y si no se tiene un poco de criterio termina siendo una gran obsesión.

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