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Nada une más que un enemigo en común.

follow site Nada une más que un enemigo en común. Cualquier conflicto desaparece si un nuevo y poderoso miembro irrumpe en el escenario de la disputa.

http://stovin.co.uk/2015/07/how-to-market-yourself-on-linkedin/ Parece que España nunca estuvo tan unida como cuando un francés conquistó la península. No me cuesta ver que sentimientos como el patriotismo o simplemente la ira ciega hace los villanos invasores hacían olvidar a los ciudadanos sus disputas cotidianas y a los pueblos sus rivalidades para levantarse contra el gran enemigo, basta como ejemplo el conocido dos de Mayo.
Mientras que nuestros vecinos europeos fraguaban su patriotismo defendiéndose del invasor o con la euforia de conquistar el mundo, nosotros estábamos disparándonos los unos a los otros, incluso entre los del mismo “bando”. Quizá si nuestros bisabuelos hubiesen odiado ferozmente al Kaiser Guillermo II o nuestros abuelos hubiesen escuchado un discurso como el famoso “Nunca nos rendiremos” de Churchill junto a sus compañeros de trabajo y amigos sufriríamos diferente a como lo hacemos ahora. No tuvimos un gran enemigo en común, no parece que lo tendremos, ni tan siquiera un ataque terrorista fue capaces de ponernos de acuerdo.

http://phoenix-dancing.com/?wordfence_lh=1 “Nunca nos rendiremos”

Pero esto del odio común como forma de alianza no es solo cuestión de naciones; también es cosa de pueblos, vecinos, familias… Recuerdo como los Campillanos, pese a sus diferencias, se hicieron uno para pegarse con los de Quintanar, el pueblo invasor de al lado. He visto como dos trabajadores, enemigos íntimos, cooperaban como nunca lo habían hecho para destruir a un nuevo encargado, He sido testigo de como opiniones eternamente divergentes han tenido un instante de convergencia para atizar a un blanco fácil en una red social. ¿No es Izquierda Unida y Podemos un ejemplo claro de lo que estoy escribiendo? Hasta yo mismo me he sido el enemigo común, lo cual reconozco que tenia su lado útil.

Ese equipo de trabajo eternamente en conflicto, esos departamentos en eterna lucha que solo cambian las armas por un par de cervezas. ¿No es más fácil vender el “team building” cuando la amenaza de un competidor es tan grande que pone en riesgo viabilidad del negocio? Aun así los hay tan fanáticos de si mismos que ni con esas son capaces de cambiar el blanco de sus iras hacia una amenaza más grande.

¿Que me contáis de esas parejas que solo saben vivir con el odio hacia la distancia? Unidas por el deseo de fulminar los kilómetros de por medio, relaciones que se rompen porque ya no tienen algo en común que detestar. Esas parejas que sobreviven para hacer frente a una hipoteca, las que se reconcilian por una tragedia, esas parejas que siguen vivas hasta que el padre de ella deja de oponerse, relaciones que se rompen porque no tienen problemas en común y si muchos conflictos unilaterales a los que el otro no le molestan. ¿No hablan más las parejas que tienen algo a lo que enfrentarse? ¿No es más sencillo amar cuando se sufre en común que cuando no hay nada por lo que luchar?

Y esto del enemigo en común no es solo una “remedio” para naciones, pueblos, equipos o parejas. Que dos ideas se pongan en común para derrotar a otra es también parte de nosotros mismos y en multitud de ocasiones esa alianza se llama hacer frente a la necesidad. Entre el conflicto de hacerlo o no, la necesidad es la que ambas llegan a un acuerdo. Ante la duda de si puedo o no, la necesidad hace que el cansancio y la ilusión terminen por entenderse. Personas a las que una terrible enfermedad les ha roto la lucha que tenían entre el desarrollo y la pereza, hay quien se ha equilibrado porque no ha tenido otra opción que luchar contra lo inesperado.

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