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Le Somme

“En un minuto voy a morir, voy a ser masacrado por el fuego de una ametralladora alemana como ya lo han sido quienes han saltado en las anteriores oleadas. Jamas volveré a ver amanecer ni a saborear de una cerveza, nunca volveré a ver a mis padres, a mi mujer, ni tampoco a mis hijos. Quedan unos segundos para el fatídico silbato que anuncia todas nuestras muertes”

Estos pudieron ser los últimos pensamientos de uno de los valientes que entraron en acción aquella mañana del 1 de Julio de 1916 durante los primeros minutos de la sangrienta batalla del Somme. Muchos soldados alemanes dudaron en seguir disparando, sintiendo compasión por la facilidad con la que abatían a
cientos de “Pal brigades”; muchachos del ejercito de Kirtchener, voluntarios, compañeros de trabajo, quizá de equipo de rugby sentenciado por los errores y orgullo de dementes generales, burros que condenaron a muerte a leones en una guerra a la que tan ilusionados como inconscientemente se habían alistado.

Más de 57000 bajas en menos de 24 horas, casi 20000 mortales, demasiadas historias interrumpidas en tierra de nadie. Valientes muchachos que respiraron en el infierno: Proyectiles, metralla, balas, gases, muerte por avanzar
unos metros en la brecha hacia Thiepval.

Viudas, huérfanos y padres desolados. Jóvenes mutilados o quizá atormentados de por vida; muchas veces me pregunto: ¿Como debió ser el primer beso a tu mujer después de sobrevivir al Somme? ¿Como se pu
ede describir abrazar a tus padres tras ser protagonista en una pesadilla tan real como los cientos de lapidas levantadas hoy en el mismo lugar? ¿Como vuelve a la vida real un muchacho que ha sido empujado a la muerte espoleado con gritos patriotas?, ¿Cómo ve el mundo alguien que ha saltado la trinchera después de presenciar cientos de muertes entre alambres de espino y cráteres de proyectiles?

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Cuanto más leo sobre aquella guerra menos me atrevo a quejarme de cualquiera de mis “estúpidos” problemas. Si hubiese nacido 100 años antes en un pueblo de Inglaterra seguramente estaría ahora mismo en un país extraño, con hambre, semicubierto por el barro, escuchando los proyectiles caer cerca de mi, sintiendo el zumbido de las balas detenidas por el impacto en el cuerpo de un joven soldado. El destino. A veces sueño que soy uno de aquellos muchachos.

Mi respeto a los que hoy hace cien años comenzaron a participar en la terrible batalla del Somme.

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2 Comentarios

  • Responder
    Matthewgoxia
    24 Febrero, 2018 en 14:13

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      30 Junio, 2018 en 06:32

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