General Recursos humanos / Human resources.

Si no sabes quien es, ¿cómo le vas a ayudar?

En los 31 años que tengo, nunca he dejado de aprender, de maestros “con título” o sin él.
Al mismo tiempo también he estado trabajando en varios lugares, diferentes unos de los otros, además han cuidado de mi “educación” entrenadores, familiares, amigos…También me he servido de la observación de errores propios y del aprendizaje vicario.

No todo ha sido ser el entrenado, durante más de 10 años también he estado en el otro lado del escenario. Entrenador de media docena de deportes, con clientes para su entrenamiento en la vida cotidiana, negocios o superar sus problemas. He sido mentor en la universidad, he dirigido mis propios talleres y ahora la formación de personas es parte de mi día a día en mi posición en recursos humanos.

En estos años he visto extraordinarios maestros y también negligentes portadores de autoridad. He estado en manos de quien ha sacado un potencial que ni yo sabía que existía y también he dado con quien sin mirarme a la cara me ha dicho “haz esto” y ha hecho tic en la casilla de entrenado.

Voy a escribir sobre 7 aspectos que me atrevería a decir que son universales en el aprendizaje de una destreza, algo que considero que cualquier persona que quiera formar a otra debe tener en cuenta. Estos 7 puntos vienen de aciertos y errores tanto propios como ajenos y desde mi curiosidad por lo que envuelve al comportamiento humano.

1 Ser capaz de conocer a la persona que se entrena. No todos aprendemos de la misma manera. El mensaje puede ser el mismo, pero no siempre se procesa igual. Hay diferentes estilos de aprendizaje según los receptores. Para David Kolb existen 4 estilos de aprendizaje: El convergente, divergente asimilador y acomodador. Los hay quienes retienen mejor escuchando, otros visualizando y quienes son más de tocar; de hacer.
Tómate un tiempo para analizar como aprende tu pupilo y no seas genérico transmitiendo el mensaje puesto que no crearás la conexión necesaria.
No le enseñes a tu manera, el objetivo es que la otra persona aprenda, no que tú entrenes; adapta el mensaje.

2 Ego. Hay entrenadores a los que les encanta alardear de sus conocimientos y entrenando tienen la oportunidad de crearse estatus. Quien busca esto está creando incomodidad en los entrenados. Escucha a la persona que estás entrenando, su feedback es valioso, su visión no contaminada no tiene precio. Quien está siendo entrenado y es escuchado pocas veces pierde la motivación. Dale pie a que te cuente sus impresiones, posibles modificaciones, mostrándote cercano e interesado por su opinión.

3 Déjale que se equivoque. Dale la confianza para que pueda experimentar y equivocarse. Si castigas su pro-actividad quizá evites un problema pero estarás apagando muchas soluciones.

4 Errores y aciertos. Un error común es comunicarle al entrenado solo sus fallos y no sus aciertos, el que entrena por ego disfruta reprochando los fallos. Premiarle de forma precisa e instantánea sus éxitos e intentos y relativiza sus errores y en caso de juicio que sea siempre sobre la acción y nunca sobre la persona.

5 Genera el interés antes que la información. No todas las personas son curiosas por naturaleza, por lo que es conveniente generar la necesidad de saber antes de transmitir los conocimientos. Si al comienzo eres capaz de crear las preguntas a las que después vais a encontrar las respuestas tienes la mayor parte del trabajo hecho por lo tanto en primer lugar dedícate a crear las dudas para que tenga la necesidad de encontrar sus propias soluciones.

6 Dividir el aprendizaje. Es más fácil dominar una destreza si se descompone primero en pequeñas tareas. Resulta más sencillo aconsejar sobre pequeñas acciones que sobre algo global. Por otro lado, la capacidad de asimilar conocimientos es limitada, es complicado englobar multitud de directrices diferentes. No hay que olvidarse que a veces se requiere un entrenamiento específico para utilizar las herramientas de aprendizaje.

7 Más importante el cómo que el qué. En multitud de ocasiones he escuchado eso de “sabe lo que tiene que hacer” yo me pregunto: ¿Sabe cómo hacerlo? Es importante diferenciar el qué del cómo. Cualquiera puede ser un entrenador enseñando qué hacer, pero el entrenamiento consiste en enseñar cómo hacerlo.
Recuerdo el día que entrené a dos compañeros de trabajo en una actividad de ocio. Era una tarde radiante en Bondi beach, Sydney. Después de trabajar me ofrecí voluntario para un entrenamiento de carrera a pie, ellos no eran deportistas. He de reconocer que aquella era una buena ocasión para ganar su confianza profesional utilizando mis destrezas como entrenador.

Primero me dediqué a observar de qué manera corrían y les hice preguntas para tantear el auto-conocimiento que tenían. Seguidamente fui dándoles algunas instrucciones y observé cómo eran capaces de llevarlo a la práctica.
Más tarde les pregunte que sentían con las modificaciones, si notaban molestias o alguna mejora en el flow de su carrera, progresivamente introduje nuevas destrezas, no sin antes hacerles ver donde podían mejorar (necesidad-solución), captando la atención e interés en lo que estaban haciendo.
Seguidamente trabajamos con contrastes, les invite a hacerlo mal, a que probasen a hacerlo a su antigua manera para ver cómo les resultaba ahora.
Empecé a indicarles donde estaban mejorando y a que analizasen las nuevas sensaciones. Siempre fui positivo, haciéndoles ver que estaban muy cerca de alcanzar el movimiento deseado cuando no lograban desempeñarlo completamente.
Para ponerlo en práctica hicimos sprints, donde podían no solo apreciar la mejora si no que podían ver donde estaban fallando. Ellos mismos me interrumpían con sus propias dudas, ahora resultaba más fácil darle las instrucciones.
No expliqué como correr de forma global sino que dividí la técnica de carrera en pequeñas destrezas que fui integrando.
Por último les expliqué lo que podrían hacer por ellos mismo para mejorar su carrera a pie.

Es algo bien conocido que si formas con buenas prácticas y maneras, los pupilos a su vez harán lo mismo con quienes tengan un día en sus manos y aún es más conocido aquello de “Cría cuervos…”

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