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Amor en la edad dorada

go to site Salgo a cenar con mi amiga en Marbella, nos sentamos en una terraza y mientras esperamos a ser atendidos veo que hay una señora sola a nuestro lado que apura su cerveza. Adivino que supera en al menos un lustro los 60 y que no solo parece que tenga muy buenas historias si no que con poco esfuerzo empezará a contarlas.
Infidelidades, muertes, sexo, dinero, familias, romances imposibles, lugares para ligar… Puede que un tercio de la conversación fuese mentira, otro tercio maquillado y el resto cambiado para no ser recordado, pero la historia de Carmen (nombre ficticio) disparó mi imaginación para un nuevo post: Amor en la edad dorada, el que empieza en la discoteca “dorada”

go to link “No, no tenia nada, si, tenia mujer, si, pero en Madrid no tenia a otra, cuando venia a Madrid yo era la única” Qué más da si para Carmen aquel señor gallego que venia con su socio para hacer negocios y desconectar de su rutinaria vida tenia una esposa en casa, aquella señora no contaba, su exclusividad era territorial. La competencia eran las otras mujeres que acechaban a aquel galán de traje de marca en la discoteca dorada, la que esta en pleno centro de la capital.

buy cytotec online with no prescription Como me temía, aquel no era el único Don Juan que la rondaba, pronto otros caballeros aparecieron.
“Estuve con un hombre que era muy bueno y generoso, me lo daba todo, enseguida me dijo que me fuese a vivir con el. Ganaba mucho dinero pero era muy aburrido, nunca quería salir de casa. Cuando le decía que fuésemos a cenar, cocinaba para mi y después se quedaba dormido. Le dije que me marcharía si seguía igual. Cuando se lo dije me respondió que ya tardaba en largarme. A la media hora vio que una maleta estaba en la puerta y otra de camino. Se puso de rodillas y me pidió que me quedase, lloraba como un niño chico. No me dio ninguna pena, me marché y ahí se quedó, era un buen hombre pero no…” Carmen siguió el relato de su nuevo idilio contando que llamó a un taxi y se presentó en casa de su hermana. Se instaló por 3 meses cuando iban a ser 3 días, 12 semanas en las que no se perdió ni un domingo de baile en la discoteca mencionada.

La chicas con las que yo quedaba hace años ponían excusas del estilo “tengo que estudiar” cuando no les apetecía verme. Con las que quedo ahora son más de “Pfff, es que me pillas super liada hoy, tengo un día de locos” Ahora oigo que mis amigos empiezan a decir que no pueden salir por el dinero que tienen que gastar en el bebe que viene de camino. Quizá si uno tiene 45 años 10 años arriba o abajo puede dar largas a una cita con el “ hoy tengo a mis hijos”. Charlando con Carmen escuché: “Era un tío muy pesado, no me gustaba, siempre le decía que estaba con mi nieta para no quedar con el” No puedo quedar contigo, estoy con mis nietos; excusas de la edad dorada!
“Siempre le decía lo mismo, le costó darse por vencido, debió pensar que todos los días estaba con mi nieta. Lo jodido fue cuando un divorciado que conocí en un baile, uno que me gustaba, un madrileño muy chulo y que no me decía nada. Cuando le invité a que se viniese a mi casa me respondió con un “No”, No podía, porque estaba con sus nietos. Nunca más volvimos a hablar, ni cuando nos vimos en el baile”

“Estaba muy bueno, corría maratones” Me comentó de un señor más mayor que ella. “Cuando lo veía desnudo entrando a la ducha me encantaba, tenía un cuerpazo” “No íbamos ni a su casa ni a la mía, siempre terminábamos en un hotel, el no quería venir a mi casa” Era un señor muy amable y educado, daba gusto estar con él” Cuando Carmen terminó de contar la historia mientras miraba al fondo de su vaso dejé transcurrir un silencio incomodo, no fue lo suficientemente molesto como para que me contase por que se terminó con aquel señor. Rápidamente la conversación giró en torno al amor.

Ni escuchando a una adolescente hablar de su romance con el guaperas del insti, ni tampoco cuando me han contado sobre amores de verano; pocas veces he visto ese brillo en los ojos, esa energía generando palabras para contar sobre amores, ligues y royos que nunca llegarían a nada. Podía ver en Carmen la ilusión de enamorarse o simplemente sentirse enamorada, podía sentirlo claramente en la expresión de su cara, en sus palabras y en el lenguaje de sus gestos. Parece ser que el amor en la edad dorada tampoco es tan diferente, si no que se lo pregunten a Carmen.

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