General Relaciones / Relationships

Aquella “rarita” que se cruzó en mi vida.

Creo que de todas las virtudes que tenía la que más me gustaba quizá fuese que era un tanto “rarita” o más bien que al ser “rarita” tenia tantas y tantas virtudes.

Lo tenia todo o al menos eso parecía si se le veía desde fuera, lastima que ella se sintiese tan vacía. Lo único que pensaba que tenia eran muchos proyectos desordenados, una mente demasiado inquieta y una actitud critica: Extremadamente con ella misma, un poco menos con los demás.

Me resultaba atractiva porque entre todas las compañías era la suya misma la que más le agradaba, porque ni amaba ni despreciaba simplemente se entregaba o desaparecía. Me gustaba porque se le podía ver tan despreciada como venerada, porque muchos la zancadilleaban sin razón. Lo cierto es que no sabía vivir sin caerse y cuando no estaba tirada en el suelo siempre siempre daba con alguien que la ayudaba a tropezar.

Me fascinaba porque tenia facilidad de conversación tanto para darla y como para tomarla, porque siempre guardaba un apunte polémico en la manga, porque tenia curiosidad por lo que sabia y por lo que desconocía. Nunca se quedaba con algo por preguntar, nunca me dejaba sin algo en lo que pensar.

Me gustaba a pesar de que fuesen muchas las ocasiones en la que no la soportaba; ni ella misma creo que lo hacia. Me gustaba por su exigencia y generosidad, porque no era capaz de dividir conmigo sus malos momentos pero con naturalidad multiplicaba sus alegrías y las mías.

Era torpe con lo que decía. No era capaz de guardarse su opinión ni la verdad, tampoco trasmitirlo sin pensar que quizá estaba hiriendo pero siempre terminaba agradeciéndole que lo hubiese hecho. Ella era así, tan grande su impulso por hablar como su culpabilidad por no callar.

Parecía insegura; pero no lo era, simplemente que la fe en si misma le llevaba enfrentarse a tantas y tantas cosas que no podía abarcarlas todas con la misma confianza; Qué valentía la suya! ojalá hubiese tenido yo la mitad que ella.

Me gustaba cuando la descubrí, me fascino cuando la conocí. Me desconcertaba no poder encontrar ningún patrón en lo que hacia y por eso me dejaba intrigado la manera en la que podían entenderse tan bien su lado más racional y lógico con con el otro tan caóticamente insano. Nunca he conocido a nadie capaz de coordinar dos personalidades como aquella chica podía hacerlo en si misma

Era tan particular, singular y exótica en sus pensamientos que pronto desistí en comprenderla; no creo que ni ella misma lograse hacerlo. Simplemente me dediqué a admirar y disfrutar las maravillosas “rarezas” de aquel ser tan fascinante.

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