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Humor

Llegaba 15 minutos tarde, yo la esperaba dentro. Me buscó pacientemente, cuando me encontró y cruzamos miradas me sonrió, intercambio unas palabras y sonrisas con la “hostess” mientras me señalaba. Se acercó lentamente sin perderme de su campo de visión. Tranquilamente se acomodó, sin mediar contacto físico me saludó afectuosamente y espontáneamente encontró una ingeniosa broma sobre mi acento. Respetando los tiempos se disculpó y derrochó humor sobre las circunstancias que le habían hecho llegar tarde. Se reía de sí misma sin importarle que fuese una primera cita y que podía mostrarse como una caricatura. Era capaz de encontrar graciosos sus desatinos y las situaciones embarazosa con una naturalidad exquisita, sin que la farsa logra eclipsarle. No me hicieron falta ni un par de minutos para saber que con la misma facilidad que ideó nuestra cita podría mandarme al infierno.

Esta vez no fue en una cita pero conocí a un señor que mostraba un patrón muy similar.
No me dijo lo que tenia que hacer, tampoco lo que no debería. Me sonrió y formuló un par de preguntas personales e intranscendentales. Mostró atención y curiosidad por lo que adivinó que me hacia sentía orgulloso y después dijo mi nombre, hizo una pausa y recordó en voz alta su primer día de trabajo. Escuché un relato sobre una serie de despropósitos, meteduras de pata y aciertos fortuitos que reforzaba con autoreflexiones tan agudas como ácidas al recordar el personaje que fue aquél día. Solo hizo falta escuchar con cierta atención y curiosidad para entender donde me debía enfocar, lo que tenía que evitar y las expectativas en mi nuevo puesto de trabajo. Lo entendí sin ninguna dirección explicita ni recomendación. Fue una inducción magistral y lo hizo sin dejar de reírse de si mismo. Mostraba tanta seguridad que no necesitaba maquillarse con ninguna apariencia. Este hombre era la persona más influyente.

Desafortunadamente esto no ha sido lo habitual, más bien ellos han sido seres de comportamientos exóticos. Lo común ha sido tratar con quienes se presentan ocupados y molestos además de distantes y reacios. Lo ordinario en la toma de contacto de una relación de interdependencia es encontrar un ser que necesita romper el “de tu a tu” y que más explicita que implícitamente quiera colocarte y colocarse en un nivel diferente. La necesidad de crear esta barrera es contener la fluidez del que ven como un “adversario”  ya que se sienten fácilmente amenazados.

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