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Hasta que nos deje la vergüenza ajena.

Hasta que nos deje la vergüenza ajena o hasta que el pueblo llano esté haciendo lo que nosotros antes habíamos copiado y que ha terminado siendo grotescamente imitado.

Hasta donde nos permita la vergüenza ajena o hasta que la identidad exclusiva que nos daba lo que hacíamos quede mimetizada, hasta que nos sintamos terriblemente ordinarios.

Hasta que la vergüenza ajena nos detenga o hasta que veamos que quienes eran de aquello ya son de esto, hasta que veamos que los que tratamos de mirar desde arriba nos miran de lado.

Hasta que nos pueda la vergüenza ajena  o hasta que nos empecemos a preguntar ¿En qué estábamos pensando?

Hasta que nos ahogue la vergüenza ajena o hasta que sintamos que no hacía falta ser los abanderados, que saldríamos mejor parados si simplemente hubiésemos estado.

Hasta que nos enseñen algo nuevo con lo que identificarnos y sobre todo diferenciarnos. Hasta que tomemos un rumbo que nos lleve a un punto del que podremos decir, con todo nuestro ego, que llegamos primero. Hasta que nuestra influencia llegue solo a los no influyentes. Hasta que tengamos que saltar, por enésima vez, a un nuevo círculo

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